Cómo Diseñé Mi Primer Curso Online... Y Lo Que Debí Saber Antes
Tener conocimientos sobre un tema no significa saber convertirlos en una experiencia de aprendizaje.
Montserrat Vega Urrea, diseñadora instruccional certificada bajo el EC0366, nos comparte lo que descubrió cuando desarrolló su primer curso online, cómo cambió su manera de trabajar y por qué planear antes de crear puede ahorrarnos tiempo, errores y muchos dolores de cabeza.
Hay un momento que probablemente muchas personas que quieren crear un curso conocen perfectamente.
Tienes una idea. Sabes del tema. Abres tu computadora y casi de inmediato comienzas a imaginar presentaciones, videos, actividades, diseños y materiales.
Parece lógico comenzar por ahí.
Pero ¿qué pasa si estamos empezando por el final?
Esa fue una de las reflexiones que surgieron durante mi conversación con Montserrat Vega Urrea, Líder de Estrategia Digital de CONOCENSA, sobre su experiencia diseñando cursos de formación en línea.
Crear tu primer curso online no consiste solamente en reunir todo lo que sabemos y colocarlo dentro de una plataforma. Implica aprender a mirar ese conocimiento desde los ojos de otra persona.
Y ese cambio de perspectiva puede transformar completamente el resultado.
“No se empieza creando el contenido en sí, sino que tenía que diseñar la experiencia de la persona que va a aprender.” — Montserrat Vega Urrea
El error de comenzar por el contenido
Cuando Montse comenzó a trabajar en el diseño de su curso, uno de sus primeros retos fue muy sencillo de explicar, pero mucho más complejo de resolver: tenía demasiados temas en la cabeza.
Hacer una lista de contenidos era relativamente fácil.
Lo complicado era conseguir que esos contenidos, actividades, materiales y evaluaciones estuvieran relacionados entre sí y respondieran a un objetivo específico.
Una actividad podía verse interesante.
Una presentación podía ser visualmente atractiva.
Un tema podía parecer indispensable.
Pero había una pregunta que comenzó a cambiar las decisiones:
¿Para qué está aquí?
Si una actividad no ayudaba a alcanzar un objetivo, si un contenido no aportaba al aprendizaje o si un material solamente estaba ahí porque parecía interesante, entonces quizá no era necesario incluirlo.
Y aquí aparece una de las primeras grandes lecciones.
No necesitamos enseñar todo lo que sabemos. Necesitamos enseñar lo que la otra persona necesita para avanzar.
Primero diseña la experiencia
Cuando dominamos un tema, podemos caer fácilmente en una trampa: asumir que determinadas cosas son obvias.
Después de años trabajando con una herramienta o dentro de una industria, existen conceptos que utilizamos de manera automática.
Pero para alguien que está comenzando pueden ser completamente nuevos.
Montse tuvo que comenzar a hacerse preguntas desde la perspectiva del participante:
¿Entendería estas instrucciones?
¿Sabría qué tiene que hacer después?
¿Comprendería los términos que estoy utilizando?
¿Estoy dando demasiada información?
¿O estoy dando por hecho conocimientos que todavía no tiene?
Ese ejercicio puede parecer pequeño, pero cambia completamente la experiencia.
Una de sus recomendaciones es incluso probar el contenido con alguien que no conozca el tema.
Si esa persona entiende las instrucciones y puede seguir el recorrido, probablemente estamos construyendo una experiencia mucho más accesible.
Porque al final, diseñar un curso también tiene mucho de experiencia de usuario.

No basta con que la información exista.
Tiene que poder recorrerse, comprenderse y aplicarse.
No todo necesita convertirse en video
Existe otra pregunta que suele aparecer cuando comenzamos a crear un curso:
¿Qué formato debería utilizar?

¿Video? ¿Presentación? ¿Lectura? ¿Actividad? ¿Evaluación?
La respuesta de Montse vuelve a llevarnos al mismo lugar: el objetivo.
Si necesitamos explicar un concepto, un video, una lectura, un ebook, una presentación o un recurso visual pueden funcionar perfectamente.
Si queremos que la persona practique lo aprendido, entonces probablemente necesitamos una actividad.
Y si necesitamos comprobar que adquirió determinado conocimiento, una evaluación puede ayudarnos a validarlo.
La pregunta, entonces, no debería ser:
“¿Qué contenido quiero crear?”
Sino:
“¿Qué necesito que haga el participante?”
Cuando respondemos eso primero, elegir el formato se vuelve mucho más sencillo.
Cuando tener estructura cambia todo
Durante su proceso de formación, Montse también se acercó al Estándard de Competencias 0366 - Desarrollo de cursos de formación en línea, perteneciente al Sistema Nacional de Competencias y que se encuentra certificado por SEP / CONOCER, ya que cuenta con una metodología más estructurada para el desarrollo de cursos de formación en línea.
En su caso, ya existía experiencia previa en diseño, comunicación y herramientas digitales. Sin embargo, aprender a trabajar bajo un proceso más organizado le permitió conectar mejor cada elemento del curso con lo que el participante debía lograr.
Más que aprender únicamente una plataforma, para ella el proceso significó comprender de una manera más completa cómo organizar el aprendizaje.
“Lo que me dio la certificación en sí fue estructura para poder hacer las cosas de forma más rápida.”
Esa estructura le permitió saber con mayor claridad qué contenidos necesitaba, cómo organizarlos y qué recursos visuales podían complementar cada etapa.
Presentaciones.
eBooks.
Videos.
Actividades.
Evaluaciones.
La creatividad seguía estando presente. La diferencia era que ahora tenía un mapa.

Lo que haría diferente al comenzar
Hay una pregunta que me parecía especialmente interesante hacerle:
Si pudiera regresar al primer día y comenzar nuevamente, ¿qué haría diferente?
Su respuesta fue muy clara.
Planearía más antes de crear.
Definiría con mayor precisión quién va a aprender, qué queremos que esa persona consiga, cómo queremos que lo consiga y qué recorrido tendrá que seguir.
También planearía desde el inicio los materiales que acompañarán ese recorrido.
Porque organizarse antes de empezar no significa que nunca tendremos que cambiar nada.
Los ajustes son parte natural del proceso.
La diferencia es que dejamos de tomar cada decisión desde cero.
Y cuando existe una estructura previa, disminuyen las correcciones innecesarias, aprovechamos mejor el tiempo y sabemos con mayor claridad qué necesitamos producir.
5 pasos para comenzar en Hotmart
Después de comprender la experiencia de Montse, hay algo que vale la pena dejar muy claro:
Hotmart es la herramienta. No es el diseño de tu curso.
Antes de entrar a la plataforma deberías poder responder al menos estas dos preguntas:
¿A quién quiero enseñar?
¿Qué quiero que esa persona consiga al terminar?
Cuando ya tienes esas respuestas, la tecnología deja de sentirse como un laberinto.
Entonces sí podemos comenzar a construir.
1. Crea tu producto
Una vez dentro de tu cuenta de Hotmart, entra a la sección Productos y selecciona la opción Crear producto.
Este será el espacio donde comenzarás a construir tu programa.
Pero recuerda: todavía no necesitamos correr a subir videos o documentos.
Primero estamos creando el contenedor de una experiencia que ya debería tener un objetivo.

2. Selecciona curso online
Hotmart permite crear diferentes tipos de productos digitales.
Para este caso debemos seleccionar Curso online y continuar con el proceso.
Parece un paso sencillo, pero es aquí donde comienza a tomar forma el espacio donde posteriormente organizaremos módulos y clases.

3. Define la identidad
Después llegará el momento de agregar información básica como el nombre del curso, el subtítulo y la categoría.
Aquí vale la pena evitar otro error común.
No pienses solamente en qué contiene tu curso.
Piensa también en qué podrá conseguir la persona gracias a él.
Existe una gran diferencia entre decir:
“Curso de cinco módulos sobre marketing digital”.
Y decir:
“Aprende a construir tu primera estrategia de marketing digital desde cero”.
Uno describe contenido.
El otro comunica una transformación.

4. Construye tu primer módulo
Ahora sí comenzamos a organizar el aprendizaje.
Dentro de Hotmart podemos crear módulos y agregarles un nombre y una descripción.
Pero antes de decidir cuántos módulos tendrá tu programa, prueba hacerte otra pregunta:
¿Qué necesita aprender primero mi participante para poder entender lo siguiente?
Un módulo no debería existir únicamente porque necesitamos dividir el curso.
Cada módulo debería representar una etapa dentro del recorrido.
Inicio.
Comprensión.
Práctica.
Aplicación.
Resultado.
Cuando pensamos de esta manera, dejamos de construir una biblioteca de archivos y comenzamos a diseñar una experiencia de aprendizaje digital.

5. Elige cada formato
Una vez creado el módulo, podemos agregar clases y seleccionar diferentes tipos de contenido.
Y aquí regresamos a una de las recomendaciones más importantes de Montse:
El formato depende de lo que queremos conseguir.
💡Si quieres explicar, puedes utilizar un video, una lectura o un recurso visual.
💡Si quieres que la persona practique, diseña una actividad.
💡Si necesitas comprobar conocimiento, piensa en una evaluación.
No conviertas automáticamente cada tema en un video solamente porque estás creando un curso online.
Primero define qué necesitas provocar.
Después elige la herramienta.

Publicar no significa terminar
Existe una última lección de la entrevista que no podemos dejar fuera.
El trabajo no termina cuando presionamos "Publicar".
Después necesitamos descubrir qué sucedió con las personas que tomaron el curso.
¿Lo completaron?
¿En qué parte abandonaron?
¿Alguna instrucción generó confusión?
¿Hubo conceptos que deberían explicarse mejor?
¿Las actividades realmente ayudaron?
Para Montse, observar ese recorrido permite detectar oportunidades de mejora para futuras versiones.
Porque un buen curso no es únicamente contenido publicado.
Es una experiencia que podemos observar, evaluar y mejorar.
Lo que aprendí de mi primer curso online
Después de conversar con Montse, quizá la conclusión más importante sea también la más sencilla.
Tu primer curso online no comienza cuando grabas un video.
No comienza cuando diseñas una presentación.
Y tampoco comienza cuando abres Hotmart.
Comienza cuando puedes responder con claridad:
¿A quién quiero ayudar? ¿Qué quiero que esa persona consiga?
A partir de ahí, muchas de las decisiones que parecían complicadas comienzan a ordenarse.
✅ Qué contenido necesitas.
✅ Qué debes eliminar.
✅ Qué formato utilizar.
✅ Qué actividad tiene sentido.
✅ Qué evaluar.
✅ Y qué plataforma necesitas.
“Si no tienes claro qué quieres enseñar y a quién vas a enseñar, muchas decisiones que tomes van a ser precipitadas.” - Montserrat Urrea
Tal vez llevas semanas, meses o incluso años pensando en compartir aquello que sabes.
Tal vez ya hasta tienes una carpeta llena de presentaciones, videos sin terminar, documentos, ideas y hasta notas.

Antes de crear una pieza más, intenta algo diferente.
Escribe quién es la persona a la que quieres ayudar.
Después escribe qué debería ser capaz de hacer cuando termine de aprender contigo.
Ese puede ser el verdadero primer paso para convertir todo lo que sabes en una experiencia capaz de transformar a alguien más.
Y tú, si comenzaras hoy tu primer curso online, ¿qué diseñarías primero: el contenido o la experiencia de quien va a aprender?
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No lo veía venir, asombroso 🤯
Meh! He visto mejores 🫤




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